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Las moscas: vectores de enfermedades en humanos

Las moscas: vectores de enfermedades en humanos

LAS MOSCAS: VECTORES DE ENFERMEDADES EN HUMANOS

Por Pablo Manrique y Hugo Delfín

 

Introducción

Las enfermedades causantes de diarrea son la mayor causa de mortalidad y morbilidad en todo el mundo. Se estima que el número promedio de episodios de diarrea en niños menores de cinco años es de mil millones al año, de los cuales 3.3 millones resultan fatales. La fuente de origen de estas infecciones se relaciona principalmente con niveles bajos de higiene, sanidad y la contaminación de la comida. Estudios de laboratorio han demostrado que la mosca común (Musca domestica) pueden hallarse más de 100 agentes infecciosos para el hombre y los animales, principalmente aquellos causantes de diarrea. Más aún, estudios epidemiológicos y entomológicos recientes han demostrado que las moscas pueden tener un papel principal en la transmisión de estas últimas, en particular de shigellosis o disentería.

 

De existir alguna relación entre las moscas y la transmisión de diarrea, la mosca representa una amenaza a la población humana. Es por eso, que aun cuando puedan tener un papel exclusivamente potencial, el control de la moscas debería ser considerado otra medida de prevención para la diarrea en los tratados o referencias especializadas, más aún cuando en algunas ocasiones se les menciona como una posible ruta de transmisión.

 

MUSCA DOMESTICA COMO VECTOR DE AGENTES PATÓGENOS

La mosca común vive en contacto cercano con el hombre. Esto se conoce como sinantropía. Las razones para esta coexistencia en la biocenosis artificial humana son claras: las etapas inmaduras del ciclo de vida del insecto se desarrollan en materia orgánica en proceso de fermentación (basura, heces, carroña o drenajes) y los adultos se alimentan  de las mismas fuentes, todas comúnmente presentes en los asentamientos humanos. Estos hábitos, anudados a que las moscas presentan un comportamiento endofílico, alternación constante entre heces-comida y una gran capacidad de vuelo y dispersión, les confiere la capacidad de funcionar como vectores mecánicos potenciales de organismos patógenos.

 

Existen tres formas en las cuales las moscas pueden transmitir patógenos: I) a través de su superficie corporal (patas, partes bucales), ya que están cubiertas por espinas y cerdas (pelos) en las cuales el material contaminado puede ser atrapado y transportado, II) por regurgitación de comida como preludio al alimentarse, ya que es común que una pequeña gota de la comida más reciente sea vomitada sobre el sustrato, puede ser una ruta importante de infección para patógenos y, III) por ingestión y defecación de patógenos como una de las vías potenciales más importantes, ya que el agente infeccioso es protegido mientras se encuentra en el aparato digestivo del insecto y mantenido por períodos de tiempo mayores que en las rutas anteriores.

 

Muchos de los agentes infecciosos pueden sobrevivir y reproducirse en las moscas durante dos semanas después  de  la  exposición  y  aunque  el  número  de  organismos  necesarios  para  la  transmisión  es difícil de

 

encontrar bajo condiciones naturales en moscas, las bacterias depositadas en la comida, aun en pequeños números, pueden multiplicarse hasta alcanzar la concentración necesaria para producir infección en humanos. Los virus y protozoarios depositados en la comida, pueden no multiplicarse, pero la dosis infectiva es baja y entonces la infección puede presentarse.

 

Es importante distinguir entre el aislamiento del patógeno y su virtual transmisión. La flora microbiana podría reflejar sólo la presencia de organismos particulares en cierto ambiente, así que las moscas sólo estarían fungiendo como indicadoras de presencia o ausencia en vez de estar transmitiendo a los microorganismos. Teniendo en consideración lo anterior, el hallazgo de un microorganismo en las moscas no es suficiente evidencia para demostrar que esta funcionando como vector. Además, y de acuerdo a los criterios formales para la incriminación de vectores, es necesario demostrar que existe transmisión, consistencia en la transmisión y relación poblacional.

 

 

CINCUENTA AÑOS DE EVIDENCIA: DE LOS 40 A LOS 80

La incriminación de las moscas como vectores se ha hecho principalmente por el aislamiento de agentes patógenos a través de cualquiera de las rutas mencionadas y a partir de los picos estacionales de la abundancia de moscas y prevalencia de enfermedades diarreicas.

 

Históricamente, las primeras observaciones fueron hechas durante la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.  Las operaciones militares en áreas tropicales y subtropicales revivieron consideraciones acerca de las moscas como vectores de enfermedades diarreicas. Con la disponibilidad del DDT durante la Segunda Guerra Mundial, el control de moscas con efectos en el curso de epidemias fueron por primera vez registrados. La disentería fue entonces, escogida como un modelo de transmisión mecánica por las moscas.

 

Otro medio de incriminación ha sido la asociación entre la eliminación o control de moscas y la desaparición del organismo patógeno en poblaciones humanas o la reducción de los casos de enfermedades causadas por este último en la población. La mejor evidencia que se tiene es para Shigella (disentería bacteriana). La infección en humanos puede ocurrir después de la ingestión de pequeños números de estos organismos que sean transmitidos por las moscas. La evidencia experimental que soporta dichas observaciones surgió de programas de control llevados a cabo en el sur de los Estados Unidos después de la introducción del DDT en los años 50. Se encontró que una reducción en la prevalencia se daba posteriormente a la reducción de la densidad de moscas. Evidencia mucho más firme se originó de una intervención de “cross over” recientemente llevada a cabo en Israel. Después de la aplicación de control de moscas en bases militares se encontró que una reducción en el número de moscas llevó a una reducción significativa en el número de visitas clínicas por shigellosis y para seroconversión a anticuerpos para Shigella ( y también para E. coli enterotoxigénica).  

 

Fuente: Revista Plagas, Ambiente y Salud.


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